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Con el mayor dolor de mi alma cumplo en informarles que el 2 de febrero
murió Monguito, mi amigo inseparable desde que tenía 40 días. Le faltaban
unas dos semanas para cumplir 9 años.
Murió a causa de un envenenamiento con raticida que, llego ahora a la
conclusión tras pensarlo largamente, fue de su propia generación. Se hizo
absolutamente todo por salvarlo, pero el daño fue más de lo que pudo
soportar. Así y todo persistió 6 días, aunque a partir del segundo ya sin
presencia de ánimo.
Fue un perro maravilloso, no sólo físicamente sino más aún por su carácter:
inteligente, pacífico, pero muy valiente cuando hacía falta; y una fuente de
alegría para muchos, de su "dueño" ni hablar. La Lucila y el mundo se
empobrecen sin su presencia. Sin duda hay otros perros. Yo mismo he tenido.
Pero Mongo hubo uno solo e irremplazable- y se lo va a extrañar.
Como sabrán, yo lo llevaba a todos los lugares posibles. Sus dos últimas
salidas importantes fueron un asado en el delta el 29 de diciembre, en donde
deleitó a muchos; finalmente el "Burns Supper" el 25 de enero del 2002. Y
aquí sería oportuna una cita de Burns: "Considero bueno aquello que promueve
la alegría; mientras que lo que causa infelicidad es para mí la medida de la
iniquidad."
No fue virgen pero dudo que haya tenido hijos, lo cual es otra enorme
pérdida. Si los tuvo fue con una perra totalmente distinta y genéticamente
muy inferior a él. La otra de la que tengo conocimiento era estéril. Hizo
tres o cuatro escapadas en las que obviamente no sé qué ocurrió, pero dudo
que hayan resultado en una progenie. Todo intento de conseguirle novia fue
en vano. ¿Cómo se explica que un perro de semejante calidad no haya tenido
novia? Otra de las tantas estupideces argentinas.
El raticida es un veneno espantoso, causante de hemorragias internas sobre
todo en el aparato digestivo, con lo que el animal se va en sangre y con
mucho sufrimiento. Sabemos que las ratas son transmisoras de enfermedades
(pero ¿no lo es también el hombre?) El matarlas de ese modo es una terrible
crueldad, además de un peligro para otros carnívoros.
Agradezco de corazón a los veterinarios que lo atendieron sin escatimar
esfuerzo alguno, y a los muchos otros que estuvieron a mi lado en este
aciago trance.