Más sobre Fukuoka

Más sobre Fukuoka

Hilando fino

Alasdair Lean

Como dijimos, Fukuoka es un granjero que ha desarrollado un estilo de
agricultura en concordancia con toda una profunda filosofía, buscando
religar el contacto del hombre con la naturaleza- y además, agrega, con
Dios. Ésta constituiría para él la terna fundamental de la vida humana.
Su pensamiento está dirigido, además de hacia corregir los obvios errores
cometidos en nuestro mundo, como la desertificación de la naturaleza, y
otros de los que estamos plenamente conscientes, más bien a la recuperación
de la Utopía, al re-hallazgo del paraíso perdido. Su método consiste en
obrar de tal manera que se vuelva innecesario hacer nada para la
subsistencia. La meta ha sido crear una granja en que no haga falta hacer
absolutamente nada; y por lo que se ve, ha llegado bastante cerca de
realizar su proyecto.

Su modo de pensar es coherente a ultranza. Instrumenta su filosofía a
través de la agricultura: una forma de vida sabia, que acarrea innegables
bendiciones: vivir junto a la "naturaleza," el acortar distancia y
encarecimiento entre productor y consumidor; tener disponibles productos
sanos y surtidos; el respeto por la tierra, y su consiguiente mejoramiento;
una vida fácil y sana.
Dice (The Road Back to Nature, p. 205): "Era inevitable, tanto teórica como
ideológicamente, que concluyera que existe una forma de cultivar la tierra
que no requiere hacer nada. Eso se debe a que el primer principio de mi
sistema de pensamiento es que no entendemos: es imposible saber y entender.
"El segundo principio es que nada, sin importar lo que sea, tiene valor ni
en ni por sí mismo;
"Y el tercer principio es que cualquier cosa que se haga a través del
intelecto humano es inválido: no tiene ningún propósito. En otras palabras,
todo es innecesario.
"En el Sutra del Corazón del Buda está escrito que 'Forma es vacío, y vacío
es forma. El Todo es la Nada.' Si se toma literalmente, yo lo interpreto
como que todo esfuerzo es vano. Buda afirma que no estamos vivos, ni
crecemos, ni estamos muertos." Habla del caso de una flor, que supuestamente
es un ser vivo: "Pero Buda el Señor dice que no es ni viva ni muerta."
"El Buda dice que la misma alma es sólo algo que surge del cuerpo, y que
ninguno de los dos existe; que tanto carne como alma son vacuidad. Clara e
inequívocamente asevera que este cuerpo que tan evidentemente parece
existir, no existe."
Cuenta en el Prefacio a la edición japonesa de su experiencia de
iluminación que lo llevó al camino que luego recorrió. "Un día, siendo aún
joven, vi repentinamente la totalidad de Dios." (Recuerda un poco a la
conversión de Saulo de Tarso en el camino a Damasco.) Se lamenta de no
haberse comprometido con la tarea que se le reveló en ese momento, y de cómo
paulatinamente su visión fue esfumándose hasta atormentarlo por la pérdida
que esto significaba. "Impaciente con mi propia imbecilidad cotidiana,
añoraba a un Dios imposible de olvidar no importa cuánto lo intentara."
Por más que diera una impresión de calma su forma de vida elegida, juzga
sin embargo "durante todas estas décadas" no haber disfrutado de un solo día
de paz. Todo su discurso está marcado por profundo arrepentimiento y
humildad.

Bien- el motivo por el que tanto me ha interesado Fukuoka es la
consistencia e integridad de su pensamiento, y la forma en que lo ha
implementado. Se trata de un sistema que ha funcionado, al igual que los de
otros grandes como Gandhi o Schweitzer. Además la agricultura es un tema que
me interesa, aun sin ser agricultor. ¿Cuál es, entonces, la forma de
emplazar semejante filosofía en un ámbito más amplio, incluso en una forma
de vida tan artificial como puede ser la de una gran ciudad como Buenos
Aires?
¿Es posible en absoluto? Todos estamos más que conscientes de la demencia
que significa vivir en semejante entorno. La experimentamos a diario:
morando en diminutos cubículos de hormigón, alejados de la tierra,
nutriéndonos de alimentos caros, poco variados, y de muy pobre calidad.
Somos parte de un pérfido estratagema en que día a día se nos va erosionando
más y más derechos y comodidades. Y parecería que no hubiera forma de
escapar de tal destino.
Sin embargo, opino que todo mensaje de salvación tiene que valer no sólo
para aquéllos con la suerte de poseer un trozo de tierra, sino para
cualquiera, no importa cuál sea su situación. Y que los principios de
sabiduría que la sustentan deben ser siempre los mismos. Y que si no se
logran los resultados deseados debe ser porque esos principios no se están
aplicando como corresponde. Cuenta Fukuoka que, tras su rapto de
iluminación, además de entender los principios que luego iría a emplear en
su tarea agrícola, tuvo la certeza de la realidad y esencia de la vida y la
muerte: "Lo que equivale a decir que supe que no hace falta trabajar para
vivir, ni temer a la muerte." "Aprendí que la naturaleza es siempre una
total perfeccionista, es decir la imagen de un Dios que practica fielmente
la verdad absoluta..."
En otras palabras, lo que sostiene es que el esfuerzo está de más. Esto no
debe interpretarse, sin embargo, en el sentido de vivir panza arriba
contemplándose el ombligo. Significa, más bien, evitar todo esfuerzo
innecesario. Un esfuerzo innecesario es aquél que surge de operar en contra
de las tendencias naturales. Dice el Tao Te Ching (xlviii): "En la
consecución del saber uno sabe más cada día; en la consecución del Camino
uno hace menos cada día. Uno hace menos y menos hasta no hacer absolutamente
nada; y cuando no hace absolutamente nada no queda nada sin hacer. Siempre
es a través del no entrometerse que se gana el imperio. Si te entrometes, es
que no estás a la altura de la tarea de ganar el imperio."
O (xliii): "La cosa más sumisa del mundo puede pisotear lo más duro del
mundo- introduciéndose aquello que no posee sustancia en lo que no tiene
grietas. Es por eso que conozco el beneficio de no recurrir a acción
alguna."
Mucho del pensamiento de Fukuoka está basado en el budismo y el taoísmo
(las dos, filosofías estrechamente vinculadas): el "no-hacer;" la
incapacidad de entender nada; la total insignificancia de todas las cosas;
la ineficacia del pensamiento conceptual; la irrealidad de la forma; la
confianza en la naturaleza (y, por consiguiente, la absurdidad de
preocuparse por cualquier cosa.)
La idea de no hacer explica el repudio de Fukuoka a la ciencia
convencional. Sostiene que los científicos no sólo no entienden nada sino
que, además, se meten en cosas que no les competen. Habla de la profusión de
universidades, hospitales, y centros de investigación, en los que se
estudian los fenómenos desmenuzándolos en distintas disciplinas, de forma
que pierden su unidad original. "Pienso en las universidades como lugares
que crean y dispensan duda."

Varias veces mencioné que las soluciones no provienen ni de la política ni
de la economía. Esto es porque ambas son ancilares a la filosofía detrás de
ellas. ¿No dijo Platón algo parecido en La República? Entonces ¿cómo pueden
dar buen resultado cuando es viciado el marco que las sustenta? Es por eso
que lo primero que debe modificarse es la filosofía. (Se trata aquí de una
filosofía de vida, no un soñar impráctico que se ocupa de trivialidades.)
De hecho, no hay nadie que no tenga una filosofía de vida. Es por esto que
todo el mundo adopta, en la mayoría de los casos de manera inconsciente,
basándose en el "sentido común," una filosofía que rija o al menos explique
el devenir. El problema es que muchas veces puede estar equivocada. Y cuando
se basa la acción en una idea falsa los resultados también tienen que ser
falsos. El motivo principal por el que la gente no cambia de idea es porque
que sigue creyendo que, pese a todas las pruebas al contrario, esa idea
puede funcionar.
Lo que acaso sea la idea más corrupta y enfermiza del mundo es que no sólo
es posible sino necesario y deseable beneficiarse del mal ajeno. Esto lo
creemos firmemente, usándolo de guía en todos nuestros afanes. Es un pilar
básico de la "viveza" criolla (la misma "viveza" que la de cualquier otra
parte): que "el vivo vive del tonto, y el tonto de su trabajo." ¿Cómo no han
de empobrecerse ambos con semejante filosofía? (Cabe agregar que ésta es la
misma política que persigue toda empresa comercial, y todo estado en sus
relaciones internacionales- y así está el mundo.)
Me pregunto incluso si en el Tao Te Ching, que tan a menudo cito, los
lineamientos políticos no serán a veces una contemporización con los
intereses y finalidades de los gobernantes. La diferencia es que hay en él
una búsqueda de equilibrio en el Estado. (¿Es posible prescindir del Estado?
¿O es un mal necesario?) El dirigente argentino, en cambio, es como una
criatura consentida que cae en un desbocado descontrol, molestando a todos
y, finalmente, perjudicando a todo el mundo. Esto no cambiará hasta tanto no
se produzca un vuelco sincero en su modo de pensar. De más decir que sus
bonitas palabras no deben ser tomadas como demostración de que ese vuelco se
ha producido. ¿No estamos todos hartos y desengañados con el discurso de
políticos (y muchos otros)? Lo más irritante es que siguen tomándonos de
necios crédulos.
Como dijo San Martín, los argentinos somos un pueblo pícaro. A veces la
picardía, como la del Viejo Vizcacha, parece conducir a buenos resultados-
¿cómo podría existir, si no? Pero en último análisis lleva a la pérdida.
Cuanto más vivo se crea uno, más grande será ésta.

En otros lugares hablé del pensamiento analógico, en contraposición al
serial. En realidad el único pensamiento fecundo es el primero, porque
encuadra los hechos aislados dentro del marco de las situaciones generales.
Si uno acepta que el mundo está regido por el pensamiento, esto es
consecuencia directa. Lo contrario, es decir ver la sucesión de
acontecimientos como inexplicables manifestaciones del azar o el destino,
equivale a abdicar a toda posibilidad de influir en ellos.
El I Ching es un sistema de pensamiento elaborado como diagrama arquetípico
de todas las situaciones posibles. Lo mismo, de otra manera, la Qábala, y
unos cuantos más. En esencia serían formas de trasladar las ideas de la
mente al mundo- que a su vez es sólo una idea. Y su aplicación tiene que ser
por vía de la analogía. En otras palabras, hallar las similitudes entre los
hechos, que a primera vista no parecen tener relación entre sí.
Fukuoka sostiene que, para que una forma de vida pueda emplazarse, lo
primero y fundamental que hace falta es cambiar todo el enfoque filosófico,
vale decir el marco de referencia general. Sin eso, todo lo demás es mímica
vacía.
Otro de sus puntos es adoptar una visión "holística," (para usar un término
algo pasado de moda hoy en día.) Esto quiere decir evitar segmentar y
desmenuzar la "realidad" en especialidades estancas, que impiden verla como
un todo racional- o al menos estar al tanto de que eso es lo que se está
haciendo, y no tomar sus conclusiones como verdad absoluta. ("Divide y
conquista" es la actitud contraria, analítica.) En realidad, todo esto es un
corolario y un prerrequisito del punto anterior, lo que demuestra su
carácter analógico, holístico.

Sospecho que estos puntos son de alguna manera aplicable a la Argentina que
hoy vivimos. No poseo las respuestas. Lo más que puedo hacer es tirar la
pelota y dejarla picando. Pero lo que sí recalco es que la salvación no
puede estar restringida al agricultor. Ni la paz ser privativa de aquéllos
que dispongan de un sitio tranquilo, apartado de las interjecciones
mundanas, en el que dedicarse a la contemplación. (En cierto sentido,
ninguno está sino en la situación más propicia para su bien- aunque no sea
más que para quitarse de ella.)
Así, la respuesta no es más que una pregunta: ¿cómo se extienden estos
principios para incluir también a los que no somos agricultores? Talvez
habría que empezar preguntándose: ¿Qué puedo dejar de hacer?