Historias perrunas IV

Llegó el siguiente mensaje de PD:

Hola, estuve leyendo el resto de tus "Historias perrunas". Son buenas!! Verdaderamente escribis muy bien, (ya te lo habia dicho antes). Con respecto a tu regreso a las milongas me causo gracia el relato y tenes razon en que son lo genuino del pais. Tambien el folklore, que me gusta bastante.

Lamente no estar en Buenos Aires por tu ofrecimiento de los robles. No se cuales son los alemanes pero los robles son todos bellos. Tengo uno no muy joven al que lo agarro un taladrillo este invierno y veia desesperada como perdia savia por la perforacion que el maldito bicho le habia hecho. Por suerte consegui una persona que supo curarlo. Es dificil encontrar alguien que sepa verdaderamente de plantas!. Este habia venido con dos ayudantes a hacer un trabajo y a uno de ellos, que se ve que en un momento empezo a hacer las cosas medio a lo que me importa le dijo: "pero ponele amor negro". Te das cuenta?, alguien que reclama que le pongan amor a lo que estan haciendo es confiable.

Si vos hiciste los robles a partir de las bellotas, me podes explicar como se hace? Me gustaria saber hacer uno yo misma.

Gracias por compartir tus historias.

Contesté:

Gracias, PD

Sí, a partir de bellotas. Es muy pavo: metés unas cuantas en la tierra, regás religiosamente, y al tiempo una o dos te tienen que salir.

Tengo la impresión de que los "alemanes" son mas resistentes que los "ingleses." Se diferencian por la forma de hoja, y bellotas mas chicas vs. mas grandes.

Sí, las plantas reaccionan al trato que se les da, y también los animales.

Agrego: llamo roble alemán al que tiene la hoja con incisiones o entradas más agudas. Hay una calcomanía que algunos alemanes llevan en sus autos, que es una hoja de roble. No sé si es del Instituto Ballester, la Holterschule, o la Soc. Alemana de Gimnasia.

Ya que estoy, hago otra aclaración. Muchos se preguntaban porqué le puse "Mongo" a mi perro. Expliqué que el nombre ya lo tuvo antes de nacer y de encontrarnos, y vino cantado como del éter. Pero también resulta que, allá por el año 1910, mi abuelo paterno, escocés, tuvo un perro llamado Mungo (creo que el que menciona y dibuja en una carta— que aún conservo— a mi padre, de 2 años de edad en ese entonces. Es un nombre de pila escocés, vgr. Mungo Park (un explorador). Capaz que también tenga algo que ver con "mongrel," mestizo.

Historias perrunas

IV. LUCY

Como a cada tanto acostumbro, el sábado pasado fui al copetín al paso de cierta estación a tomar una cerveza. Es un boliche de lo más rasca, pero a veces uno encuentra personas u oye conversaciones interesantes ahí. Van muchos albañiles y a veces sus charlas son instructivas. Es un lugar agradable, rodeado de árboles y silencio. A cada rato llega un tren y uno observa la gente que se baja, forma amena de pasar un par de horas.

     Esta vez había ahí un hombre con su perra, a la que le ofrecí el dorso de la mano (como siempre hay que hacer con un animal que uno no conoce— les resulta menos amenazante que la palma) y el dueño me dijo:

     —No hay problema, siempre que no me tratés de poner una mano encima a mí.

     —Ni se me ocurriría.— Y efectivamente la perra resultó ser bastante franelera y cargosa. Un ratito más tarde un uruguayo cetrino muy simpático y perrero, ex-tripulante de barco pesquero, que se pasó el tiempo contando chistes, se le acercó al dueño de la perra para hacer como que lo iba a atacar. La perra reaccionó, pero bien se dio cuenta de que se le estaba tomando el pelo, y se quedó en el molde.

     El uruguayo se me arrimó y me pidió permiso para sentarse en mi mesa. —Ya me voy en el próximo tren.

     Y le conté yo un chiste: Un hombre de ciudad se encuentra con un pastor. —¡Qué lindas ovejas que tiene! ¿Qué comen?

     —Y, las blancas comen pasto.

     —¿Y las negras?

     —También.

     —Y ¿dónde pasan la noche?

     —Las blancas duermen en un corral.

     —¿Y las negras?

     —También.

     —Escúcheme, ¿porqué me dice lo que hacen las blancas y después las negras, si todas hacen lo mismo?

     —Es que las blancas son mías.

     —Y las negras también,— remató el uruguayo.

     —Ah, así que ya lo conocía.

     Sonrió: —Me gustan mucho los cuentos.— En eso llegó su tren y se despidió.

     Seguimos hablando de la perra. El dueño, un señor mayor, que resultó ser polaco, contó que se llamaba Lucy. —Le puse ese nombre por una aldea donde estuve, Santa Lucía.— Pensé que en una de ésas era la de la Pulpera de la canción.

     —Lo que pasa,— dije, —es que hay como una docena de Santa Lucías.

     —Ésta es cerca de Monte Cassino.

     —Ah.— Me quedé pensando un rato, y el polaco siguió charlando. —Monte Cassino... ¿Eso no es en Italia?

     — Sí.

     —Ah.— Nuevamente me quedé pensando. —Digamé, ¿no hubo ahí una batalla muy importante en la Segunda Guerra mundial?

     —Correcto.— Se levantó y, acercándose: —¿Me permite sentarme en su mesa?—

     —Con el mayor gusto.— Y entonces este señor de 82 años, muy bien llevados tanto mental como físicamente, nacido en Vilna, Lituania, me contó su historia:

     "Cuando Rusia invadió Polonia, a mí y a mi familia nos deportaron a Siberia, al río Lena, donde en invierno hace 60 grados bajo cero. Mis dos padres murieron ahí. Luego Alemania invadió Rusia, y los rusos pidieron ayuda a los Aliados. Los ingleses pusieron como condición que nos soltaran a los prisioneros polacos, y fue así como, pasando por Persia e Irak, finalmente llegamos a Egipto, donde estaban entrenando tropas polacas.

     —Yo tenía entendido que las entrenaban en Turquía.

     —Bueno, no. En realidad, por diferencias religiosas, los polacos nunca estuvieron del todo a gusto en Turquía, y en esa época la mayoría estuvo en Egipto. De ahí nos mandaron a Tobruk, que estaba en manos del Afrikakorps de Rommel, un gran general, y nos unimos a otras tropas, australianas, neocelandesas, gurkhas. ¿Sabe que nuestras raciones de agua eran medio litro por día? Eso era no sólo para tomar sino que tenía que servir también para la higiene personal.

     —¿Y porqué tan poca?

     —Porque no había. Ahí es desierto. Rommel se había ocupado de que no tuviéramos. Los australianos nos mandaban cerveza, que fue la primera vez que vi cerveza en lata. Pero de día, con el calor que hacía, no se podía tomar. Había que esperar hasta la noche para poder tomarla fresca.

     Después nos mandaron a Chipre, donde estaban preparando las fuerzas para invadir Italia. Nos transportaron en avión y nos largaron en paracaídas. Pero calcularon mal, porque el tiempo estaba muy malo. Yo caí en una viña y se me clavó una estaca... disculpá, pero te muestro— y se levantó la remera para mostrarme una cicatriz de unos 25 cm encima de la panza. —Estuve colgado ahí toda la noche, y cada vez que soplaba el viento y el paracaídas me tiraba, la estaca se me metía en la herida y era un dolor terrible. Finalmente caí inconciente entre unos arbustos.— (Y me mostró más cicatrices, esta vez en el brazo).

     A la mañana siguiente salió la gente de la Cruz Roja a recoger muertos y heridos. Como yo estaba escondido entre los arbustos, no me vieron. Entonces un perro que había ahí se puso a ladrarles. Al principio no le hicieron caso, pero el perro insistió tanto que lo siguieron. El perro llegó hasta los arbustos y trató de sacarme tirando de uno de mis borceguíes. Bueno, la cuestión es que me llevaron al hospital, y ahí conocí a una italiana que ahora es mi esposa, una de las enfermeras.

     En los hospitales se trataba también a enemigos heridos. Los convenios internacionales lo exigen; y había un oficial alemán muy malherido. A los pacientes a que les transfundían sangre les decían: "Ponéte contento, que ahora vas a recibir sangre de una linda inglesa." Esto era así porque eran principalmente mujeres las que donaban sangre- los hombres estaban casi todos en el frente. Cuando le llegó el turno al alemán, que hablaba muy buen inglés, dijo: —¿Cómo sé que no es sangre judía?

     —Oficial,— le contestó el médico, —la sangre la clasificamos por grupos, no por nacionalidades.— La cuestión es que el alemán se negó a recibir transfusiones, y poco después murió.

     Una vez que me repuse volví a mi división, que iba a participar en el asalto a Monte Cassino, en poder de los alemanes, muy bien atrincherados; y de quienes recibíamos continuas andanadas de artillería. De ahí es que soy casi sordo de un oído. Hubo gatos que murieron de susto. Ahí encontramos tres perros, que adoptamos. Era poco común ver perros durante la guerra...— (debemos suponer que, con el hambre que había, unos cuantos terminaban en la olla del puchero) —...y no teníamos con qué alimentarlos. Les dábamos de nuestras raciones, pero no alcanzaba. Entonces escribimos a la comandancia, informándole que teníamos tres nuevos reclutas en la división, y nos mandaron raciones para ellos, incluyendo cigarrillos, que nos vinieron muy bien. A los perros les dábamos leche condensada, que rebajábamos con agua, porque era muy espesa. Les encantaba. Fueron unos fieles amigos. Lo mismo las mulas... ¡Qué animal noble! Teníamos una recua, que vino con nosotros de Chipre para transportar suministros. Es un animal verdaderamente estupendo la mula. Finalmente tomamos Monte Cassino, eso sí, con muchas bajas: alrededor de 4 mil polacos muertos.

     Yo me quedé en Italia. Iba a ir a Glasgow, donde había muchos polacos acuartelados; pero un amigo me escribió, advirtiéndome, 'Yo que vos me quedo donde estás. El clima de acá no es para nada lindo,' y así es que decidí no ir.

     Estuve bajo bandera hasta 1948. Durante ese tiempo, ofrecían cursos para que uno pudiera ganarse la vida de civil. Yo me anoté en uno de relojería. Me mandaron a Suiza por ocho meses, y finalmente NN (una renombrada compañía relojera) me mandó a Buenos Aires como jefe. En esa época era fácil venir a la Argentina. Perón favorecía la inmigración polaca, porque había gente muy preparada y capaz entre la soldadesca. Y desde entonces trabajé de relojero... hasta que los japoneses reventaron todo. Pero no me puedo quejar. Hoy en día, si en algún momento estoy en apuros económicos, escribo a Inglaterra, y me mandan un chequecito."

     Convinimos en que Argentina es el mejor lugar del mundo en donde vivir, y le dije: —Bueno, voy a tener que ir partiendo. Esta noche tengo pensado ir a milonguear.

     —Ah, vas a bailar. ¡Cómo me gustaría ir a bailar! Pero ando con algunos dolorcitos en la espalda...

     Enfín. Ojalá llegue yo a los 82 con parecida vitalidad. Me despedí de él y su efusiva Lucy, y me fui. (Al final, cuando vi que se aproximaba el temporal del sábado a la noche, di media vuelta y no fui a milonguear.)

* * *

Francia, China

Hoy mis vecinos estuvieron excepcionalmente locuaces. Es una pareja algo mayor, en general relativamente tranquila. El hombre se pasa el día escuchando noticieros por la radio, que pone muy bajito, pero se oye igualmente. No sé qué estación es, pero tienen un par de cortinas musicales tocadas por dos trompas (mal llamadas cornos, un italianismo), que hacen do fa-sol / la... Pero hoy estuvieron ruidosos, sobre todo la mujer que, cada vez que le llegan visitas, habla muy fuerte para dejar bien sentado que ella es la trompa del bulín.

     Me puse a escuchar lo que decían. Me parece fascinante enterarme de lo que habla la gente.

     Mi vecina y sus amigas hablan de problemas de salud, obras sociales, etc.; comida (se intercambian recetas y consejos); compras, precios, lugares; plantas, cómo cuidarlas, y el intercambio de esquejes, gajos; la leche como favorecedora del metabolismo, y la nata de leche caliente; cómo cocinar calabaza (con la piel, y dejándola en el caldo); la manera de dormir (las mujeres niegan rotundamente roncar; y cierto, roncan menos que nosotros, al faltarles pelotas que produzcan vibraciones chocando una contra la otra, supongo); cómo lavar la ropa; que la leche cultivada es más digerible que el yogur; el calefón que no prende porque hay corriente de aire; y así en más. Es increíble el tiempo que se pasan hablando de banalidades. Finalmente, harto ya, salí al patio y empecé a rasquetear persianas. Las damas, hallando ofensiva mi ruidosidad, optaron por tomar el café lejos de mis importunidades.

     En eso llegó un amigo mío. Me dijo: —Es un peligro lo que hace Kirchner con los franceses. Ellos fueron los que financiaron la guerrilla aquí. También a los Viet Cong.

     —Mirá, no te puedo decir nada a ciencia cierta, pero creo que estás equivocado. El Viet Cong, por lo que leí, fue financiado por Rusia, y el Khmer Rouge (Camboya) por China, nada que ver. Así fue como los EEUU metieron la pata de lo lindo, pensando que eran los mismos. Y en cuanto a la guerrilla comunista aquí, siempre supuse que estaba bancada por Rusia, a través de Cuba. Así, Che Guevara.

     —No, fijáte, Francia es un país peligroso...— ¿Y no tendrá razón? ¿No fue Francia la que gratuitamente bloqueó durante una década el Río de la Plata en época de Rosas? bloqueo que levantaron gracias a la ingerencia de San Martín.

Otra vecina repentinamente larga habitualmente unos alaridos alucinantes para controlar a sus dos hijos varones, dos pichibirlos de 7 y 5 años, muy simpáticos, sobre todo el mayor, pero que se mandan sus travesuras, molestándola a la beba de un año. Hace un tiempo me los encontré en el hall de entrada y el mayor, Santi, traía globos en la mano. —¿Estuviste de cumple, che?— le pregunté.

     —Sí. ¡No sabés las moscas que había!

Apenas pude contener la risa. —¿Ah, sí? ¿Molestaron mucho?

     —Uff.

     ¿Porqué perderá la gente su gracia e inocencia? (Contesto: para que tengamos punto de comparación.)

Otro vecino ha mostrado un súbito vuelco por la música. Bue, es un decir, si se puede llamar música ese mazacote indiferenciado, esa música de tenedor libre chino que pasan por la radio. Esto ya es añosa tradición en el país, pero creo que cada día se vuelve más grave. Es la influencia cultural norteamericana
("<I>Jamás nadie empobreció por subestimar el gusto americano</I>"), junto con la anuencia argentina, que apunta siempre al menor común denominador. No hace falta decir que se trata de "cantantes" que emiten balidos sobre un colchón electrónico de tónica y dominante.

     Va... digo "norteamericano." En realidad, un país que pasa desapercibido es Canadá, donde se hace mucha música, y muy buena. No vayamos más lejos: Glenn Gould (salvo su insoportable canturreo). Pero en realidad son una legión. Los "Leahy" son unas bestias alucinantes. (Mi piano, bastante pasable, es canadiense, marca "Gourlay.")

     Es hora de que los músicos nos rebelemos contra este basureo de nuestra arte. La música es sumamente importante, madre de toda nuestra filosofía de vida occidental; y cuando se deja decaer no tiene más remedio que trivializarse todo— y vice versa. No sé qué vino primero, si la música o la filosofía, pero
de que las dos van tomadas de la mano no hay duda.

     Por ejemplo, hoy todo el mundo habla del ascenso de China como potencia mundial. Los chinos son sin duda un pueblo sumamente positivo. Un joven llamado A-Chiú, empleado de un súper, se empecinó en saludarme en una época en que yo no tenía muchas ganas de saludar a nadie. Insistió... y finalmente cedí a su simpatía. Además muy trabajador, muy eficiente. Un amigo al que le conté el caso lo menciona hoy como ejemplo: insistir con la amabilidad pese a todo obstáculo. Los chinos son gente feliz, equilibrada, positiva, trabajadora, inteligente. Tienen muchas cualidades realmente buenas. Pero no tienen música, ni arte en general. Son más bien políticos y filosóficos que artísticos, y ésta es su más grave deficiencia. (Hay música china, pero es una porquería: pentatónica, fea, primitiva. Han adaptado a su propio uso el lenguaje musical occidental, pero el resultado es una bazofia empalagosa, anodina, amorfa, casi siempre cantada, y por una mujer (con voz
gangosa típicamente china, se entiende). Pocos entienden que Occidente debió su extraordinario auge al florecimiento artístico e intelectual del Renacimiento o algo antes. (Ya en el s. XII se comenzaba a construir las grandes catedrales de Europa).
El argentino lo descarta de plano: para él la música es una pérdida de tiempo.
De hecho, no la aprecia ni le interesa, salvo como fondo. Por eso los músicos
tienen que emigrar si piensan hacer carrera.

     Bach hubo uno solo, y los chinos no tienen nada parecido. Federico el Grande, también músico (flautista), debió apreciar la grandeza de Bach. De hecho se conocieron en 1747, y de este encuentro trata la película, Mein Name ist Bach, que seguramente no llegará a la Argentina (porque a casi nadie le interesa Bach aquí). Otro resultado fue Das musikalische Opfer, La ofrenda musical, que compuso Bach sobre un tema de Federico el Grande.

     Lamentablemente estamos pasando a ser como los chinos en su falta de calidad artística, pero sin poseer sus extraordinarias dotes en otros órdenes. Esto es serio y requiere fijarse en la trivialización de nuestro arte y nuestra filosofía de vida, en gran parte producto de el estilo de vida estadounidense. Va a tener consecuencias notorias, a menos que se produzca un vuelco importante. Va a significar esclavitud, descenso, decadencia. Por eso digo:— Músicos: al cantante pónganlo en su lugar, como supo hacer el tango. Que la música la hagan músicos.

Por el bien del prójimo

Tuve una charla interesante con un joven. Es contador, y trabaja en una repartición pública. Dice que en su oficina hay legajos hasta por los codos de compañías (quebradas) que piden la baja, pero que no se la dan porque falta algún papelucho. Le dije: —Las reparticiones públicas siguen una política equivocada. Lo que tenés que hacer es aliviarle la vida a tu prójimo. Te lo va a agradecer. Al menos va a dejar de putearte. Y capaz que salís ganando, no en la medida en que te ratoneás; pero en una de ésas se pone con algo, o por ahí nada más que un Gracias. También vale. ¿Creés que ganás con que te tengan bronca?

     Esto no lo entienden muchos economistas y abogados. Además de Lógica (materia indispensable), tendría que dictarse Moral y Decencia Personal en la Facultad de Derecho. ¿Porqué no también en C. Económicas? No todo pasa por la guita. No todo pasa por la ganancia en general. Incluso se empieza a cuestionar la competitividad a ultranza más y más evidente en todos los planos, incluidos los Juegos Olímpicos, ya demasiado serios para llamarse "juegos." (También existía en la antigua Grecia: "No seas bueno. Sé el mejor," le dijo un padre al hijo. Incluso los griegos decían estupideces de vez en cuando. Por una simple cuestión de números es erróneo: mejor puede ser uno solo; buenos, en cambio, todos. A "Mejor" siempre lo bajan a hondazos de su pedestal. Es una tentación irresistible.)

     Facilitarle la existencia al prójimo es la única finalidad valedera de todo trabajo, pese a los cuantiosos que creen lo contrario.


Traducciones de: castellano - inglés
- alemán - francés

a: castellano o inglés

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