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LÉXICO PAMPA (ARAUCANO) IILÉXICO PAMPA (ARAUCANO) IIpor Alasdair LeanVer vínculos con otras páginas relacionadas al final de este documento. He aquí unos extractos en araucano de Tolderías, fuertes, y fortines de Isaías J. García Enciso, para dar una idea del idioma del que ya se habló en el escrito anterior. RAILEF: Mari.
Es asombroso que, de vez en cuando y como que fuera por casualidad, a uno le caigan al regazo materiales relacionados con interrogantes e inquietudes que puedan tener vigencia en determinados momentos. Hace tiempo que vengo interesándome por Fukuoka, y métodos alternativos de práctica agrícola.
Pero sólo en las últimas semanas se ha reavivado en mí un interés por los pueblos indígenas de la Argentina. De pronto cayeron en mis manos dos libros, Los aborígenes de la Argentina, de Guillermo Magrassi; y Tolderías, fuertes, y fortines, de I.J. García Enciso. Como broche de oro, recordé que había comprado hace mucho la Excursión a los indios ranqueles de Mansilla, hasta entonces sin leer en mi estante. El primero es el que más me interesó. Es una reseña de los diversos pueblos que se han asentado en el territorio argentino, y una crónica de sus avatares y padecimientos, no sólo a manos de los blancos, sino por sus propias acciones entre sí. No creo que se justifique ver a los indígenas invariablemente como víctimas de una colonización invasora. No tenemos más que recordar a los aztecas para que se nos revuelva el estómago. Tampoco es legítimo erigirse incondicionalmente en juez de los acontecimientos históricos. Esto lleva siempre a toda suerte de distorsiones. Pero lo que sí podemos hacer es preguntar porqué, si en esta tierra nueva y pródiga había lugar para que todos se beneficiaran, para que todos participáramos de la paz, la prosperidad, y la felicidad, en su lugar la codicia y sevicia del intruso inmigrante nos pudo traer a semejante miseria como la que hoy en día vemos. Y cómo, de todo este enorme territorio, nos encontramos confinados a diminutas reducciones como la ciudad de Buenos Aires, La Lucila, o San Isidro. Y cómo puede haberse perpetrado, en nombre de la civilización, el progreso, el cristianismo, tales enormidades contra el indio, sobre todo el de las gentes más pacíficas y benevolentes. Lo que más impacta de los indígenas sureños— onas (Selk'nam) y yámanas (también llamados yaganes)— es lo agraciados que eran muchos de ellos: altos, apuestos esbeltos— y encima más cristianos en su conducta que muchos de sus supuestamente progresivos visitantes. Sin embargo, fueron metódica y deliberadamente exterminados. Lamento tener que decir que, entre los que se ocuparon de esta deleznable tarea, se encontraron varios escoceses. "Entre los asesinos de indios más conocidos se cuenta el escocés John Mc Rae." (p. 28) O: "'Ésos los hizo matar Chancho Colorado, Mc Lennan el verdadero nombre, administrador de los Menéndez.'" En este caso, parece que los ahogaron en el mar. (Talvez la verdadera culpa no haya sido del Chancho sino de quien le daba de comer.) Un amigo, cuyos conocimientos históricos respeto, me asegura que hubo otro, un tal Grant, que también estuvo mezclado en todo este nauseabundo asunto. Supuestamente se volvió alcohólico y, posteriormente, enloqueció de remordimiento. Es posible que haya sido así. Sin embargo "en sus delirios de alcoholizado— de ellos murió en Punta Arenas— Mac Lennan veía aparecerse a los enmascarados dioses de los Selk'nam." El video en gaélico de la BBC "Na h-Eilthirich" (los inmigrantes) habla de este Maclennan. Se pagaba £1 por cada indio adulto abatido, y 5 chelines por cada mujer o niño. El recuento se hacía presentando las orejas en un primer momento, luego los testículos o los pechos. Pero había otros: el rumano Julius Popper fue uno de los más notorios cazadores de indios, junto con sus peones dálmatas y austríacos. Hay una foto que los muestra, armados de rifles, tirándoles a los indefensos aborígenes como si fueran animales huyendo por las pampas. José Díaz, Kovasich, Alberto Niword, Sam Islop, Stewart, Peduzzi fueron otros. "'No hemos enviado más expedicionarios a cazarlos,' escribía Mr Rigby, capataz de San Sebastián, en carta dirigida a Mauricio Braun en julio de 1900..." "De los 4000 de 1880 apenas quedaban 500 en 1905." En 1986 no había más que unos 10 mestizos, que no conservaban nada de su cultura. En cuanto a los yámanas restantes, los mandaron a la isla Dawson en Chile, en lo que podría llamarse un tratado de colaboración internacional; unos años más tarde no quedaban más que unos pocos individuos. Los mapuches, siendo más aguerridos, pudieron resistir hasta cierto punto el avance de los españoles durante siglos. No obstante, hoy en día son una pequeña minoría en el país. (En Chile son más numerosos, pero nada comparado con el millón que eran en el siglo XVI.) Se pusieron del lado de los criollos en más de una contingencia, aportando tropas para repeler las invasiones inglesas, bajo los caciques Epugmer, Errepuento, Turuñamqui y Quintelén, y fueron firmantes el 25 de mayo de 1810. Más tarde participaron en gran número en la gesta sanmartiniana. Santiago, la capital de Chile, fue fundada por los españoles en honor al "'santo' 'mata-moros' en la Iberia visigóticocristiana, y 'mata-indios' en la América invadida," dice Magrassi. Este pueblo fue de una enorme importancia, sintiéndose su influencia (poco benigna, en general) hasta San Juan, Córdoba, y Santa Fé (Melincué), muchas veces en la forma de malones, llevándose mujeres y ganado, y dejando desolación a su paso. De ahí la Campaña al Desierto (1879) del general Julio Argentino Roca, que puso fin a esas incursiones. Es imposible relatar en detalle todas las atrocidades cometidas, pero los indios de Santa Fe y Chaco también sufrieron campañas de exterminio entre 1865 y 1875. Los nombres más mentados son los del suizo Teófilo Romang, que los eliminaba envenenándolos, junto con unos compatriotas suyos: Kaufmann, Sager, Lehmann, y Stirnemann. Además de algunos franceses, había un gran número de apellidos norteamericanos: Moore, Taylor, McLean, Simpson, Nelson, Spencer, Griffin, Forthshire, Chapman, Pogh, Fort, Coleman, el cap. Bayles. Es interesante notar que Kaufmann y Chapman tienen el mismo significado ("vendedor") en alemán e inglés, respectivamente. (En tiempos más recientes la antropóloga Anne Chapman se dedicó al estudio de los Selk'nam de Tierra del Fuego.) La segunda fundación de Buenos Aires en 1580 se hizo con un numeroso contingente de guaraníes, a quienes se los "encomendó." Una revuelta liderada por Telomic Condic y su hijo Diego terminó en una masacre de indios, por lo que parte del Riachuelo pasó a llamarse "La Matanza." Chaco fue "limpiada" de sus indios tan recientemente como 1912 y 1914. ¡Bravo! Habrán desaparecido pueblos enteros, pero ¿qué importancia puede tener cuando hay progreso, civilización, cultura? ¿No es así? Enfín... no. Ciertamente los tiempos eran otros, y quizás otras las conciencias. Sin embargo, en nuestro propio tiempo el panorama no ha variado sustancialmente. Sigue en pie una especie de irresponsabilidad suma, un "playboyísmo" más allá de toda contemplación y sentido de humanidad. ¿No será que detrás de la pulcra fachada argentina yazga una cámara de horrores? La codicia ha sido el pecado capital que marcó desde siempre a los argentinos. Eso— y la soberbia. En lugar de esto deberíamos ser los dadores del mundo. Es comprensible que hoy en día haya tantos a favor de resarcir a los aborígenes por sus cuitas, aquí y en el exterior. Bueno, dejemos aquí el nauseabundo relato de atrocidades. Y nuevamente cabe que nos preguntemos porqué, de tener un perfecto paraíso a nuestra disposición, se ha convertido en un infierno; y porqué sigue habiendo muchos entre nosotros que creen firmemente que un infierno es la salvación. Lo que fue ya no puede deshacerse. Ni tiene sentido ponerse a moralizar y juzgar. Lo único criticable es continuar tozudamente por una senda errada si se sabe que lo es. El destino de la Patria no debe estar en manos de quienes no están a la altura de las exigencias. Cuando uno piensa en los indígenas en general surge el común prejuicio de que eran salvajes, incultos, semi-animalescos. Algunos de ellos, como los guaraníes, eran caníbales rituales. (También lo fue más de un pueblo europeo en su momento.) Sin embargo, existen puntos de contacto entre la filosofía de algunos pueblos indígenas y algunos de los temas que ocupan mi interés en estos tiempos. Decidí interiorizarme un poco en la cuestión de la comida macrobiótica, y tengo actualmente en mi poder el libro, "Sois todos sanpaku" de George Ohsawa (Sakurazawa Nyoiti), el originador de la macrobiótica. Es una filosofía coherente, basada en un pensamiento "primitivo" que Ohsawa de ninguna manera considera indeseable. San-paku quiere decir "tres blancos," y se refiere a los ojos de un gran número de personas, como J.F. Kennedy, Marylin Monroe, Brigitte Bardot, Albert Scweitzer, Hitler, y muchos más. Los ojos de todos ellos presentaban una característica común, que es la de tener el blanco por debajo de la pupila además de a los dos costados, cuando se mira normalmente, hacia adelante. Vale decir, existen tres blancos: uno a la derecha, otro a la izquierda, y el tercero, que es el que nos interesa, abajo. Ser sanpaku es signo de enfermedad o de propensidad a accidentes o hechos trágicos. Su forma más extrema es en el cadáver, en que los globos oculares giran hacia arriba, mostrando una gran extensión de blanco debajo de la pupila. El muerto es el caso más extremo de sanpaku. La comida macrobiótica no sólo es un tratado de alimentación, sino que constituye toda una filosofía en que se lleva el organismo a recobrar la salud a través de un cambio en los hábitos alimentarios. Pero ¡qué sorpresa encontrar que los indios huichí (mal-llamados matacos) ven el mundo de manera similar! (No sé si esto se extendía a la alimentación, pero sí tenían su propio concepto de sanpaku.) Huichí quiere decir algo así como "el que participa de la vida plena." Plantas, árboles, peces, aves no carroñeras, y seres humanos huichí comparten todos la posibilidad de vida perfecta. Escribe Magrassi: "Cuando lo wichí nace: semilla brotada, niño parido, es poco o nada todavía; pero cuando comienza a manifestarse: a echar hojas y raíz, mirar, reconocer a su madre, reír [...] va siendo Wichí cada vez más; cuando da frutos demuestra la plenitud de vida. Cuando las ramas se secan, declina la vitalidad, comienza a ser 'ajot.' Cuando muere es Ajot del todo. Tiene vida, pero otra vida... no plena, imperfecta, como todo lo que es ajot, participante de vida no verdadera." En otras palabras, vemos aquí un paralelismo entre los conceptos de ajot y sanpaku. Ohsawa: "Las frías estadísticas, oficiales o no, cuentan sólo parte de la historia. Los ojos del (norte)americano medio cuentan todo. El cuerpo no miente. Y los ojos, ventana del alma, mienten mucho menos. Cada americano que veía era más o menos 'sanpaku.'" (p. 52) "Cúrate a ti mismo antes de hacer cualquier otra cosa." "El hombre nace en un estado de gracia que lo destina a ser feliz en la tierra. Toda infelicidad, enfermedad, molestia, y crimen resultan de su ceguera o ignorancia sobre la naturaleza del mundo en que vive, o de su orgullo obstinado en colocarse contra él. [...] "Estoy convencido de que la noción de 'enfermedad incurable' es un invento humano, el más arrogante de todos los inventos, que transfiere a la responsabilidad divina las faltas e ineptitud del propio hombre." (p. 72) Como muchos orientales, Ohsawa (al igual que Yolan Chang— El Tao del Amor y el Sexo) considera que una saludable relación entre hombre y mujer es indispensable para una vida feliz. Deplora las grotescas perversiones que todo esto sufre en Occidente, incluso la toma de medicamentos para potenciar a quienes están demasiado agotados (¿ajotados?) para funcionar normalmente. Según él, la pareja debería seguir funcional— y esto quiere decir una vez por día— hasta por lo menos los 60 años; y siguiendo un régimen macrobiótico, por lo menos hasta los 80. Yolan Chang sostiene lo mismo, pero en forma más extrema todavía. ¡Qué distinto del triste panorama que presenta nuestro hemisferio, incluido nuestro país! Muchas veces no se trata de incapacidad sino de las distorsiones creadas por una filosofía errada. Pero— haciendo caso omiso de su antropofagia ritual— más todavía me impactó la filosofía de los guaraníes. Como absolutamente todos los pueblos indígenas, aparte de su esencial honestidad, sentido de justicia, igualdad y solidaridad, y su inocencia, lo que más notable resulta es su profunda creencia en la relación armónica entre el hombre y la naturaleza, consistente en el respeto por ella. Maltratar a la naturaleza es tan feo como pegarle a la madre. Es más: es pegarle a la madre. nbsp; "El hombre le pertenece, de ella está hecho, de ella se alimenta, de sí mismo. Toda vida vive de la muerte de otra vida y es en su consecuencia que no se puede tomar vida en vano. Cuando se caza, pesca, recolecta, se pide permiso al 'eterno principio,' esencia o 'dueño' respectivo, de los animales, los peces, el monte. [...] "La horticultura de selva requiere que sea itinerante para no destruirla, y por vigilante técnica de roza o chamicera. Se elige un espacio de bosque, se desmonta un espacio pequeño, se prende fuego a los troncos para que la ceniza nutra y el calor haga que los bichos aireen en mayor profundidad la tierra. Se evita que se propague el incendio. A la segunda lluvia se siembra. Se reproduce el 'ecosistema generalizado' del monte. Las plantas más altas como el 'avati' (maíz) protegen del exceso solar; trepadoras como el poroto y el maní aprovechan de aquéllas a la vez que toman y proporcionan diferentes nutrientes a la tierra y al hombre; camotes y batatas, mandiocas y zapallos, rastreras, mantienen la humedad, defienden de la erosión. A los 3 ó 7, 11 años a lo sumo, las tierras se dejan en barbecho hasta que la selva se reconstruya. Se necesita disponer de grandes extensiones. Por eso la selva es el país de los Avá." (p. 68) Algunos aspectos de esta agricultura nos recuerdan poderosamente a Fukuoka, sobre todo la idea del respeto a la naturaleza y el cultivo muy mixto de hortalizas y cereales. Los Avá, nos relata Magrassi, bajaron de su origen Tupí-Guaraní en el norte de Brasil, llegando hace 1500 años a la Mesopotamia y Buenos Aires en busca de Iwy mará 'ey (la tierra sin mal), guiados por sus líderes espirituales, entre los que se encontraban (y esto es muy interesante) "los de Pya-guazú (plexo solar— asiento de los sentimientos— o corazón grande, valeroso), los Jeguakáva, 'los que llevan el emblema de la masculinidad' y a veces también Jachukáva, 'las que portan el emblema de la femeneidad." [...] "En su cosmovisión... el 'paraíso' está en la tierra; se puede llegar a él sin pasar por el trance de la muerte... Sólo hay que salir a buscarlo." (p. 69) ¿Y qué otra cosa es ésta que la idea de otro "primitivo," Fukuoka, de crear la Utopía— o, mejor dicho, dejar que se presente sola? ¿Alguna otra cosa puede tener validez o sentido? A veces pienso que casi los únicos oligofrénicos, los únicos elefantes en el bazaar, debemos ser nosotros los occidentales, incluidos los argentinos, que hemos convertido el paraíso en infierno, todo por codicia y soberbia. Dennos antes la visión de muchos de estos "salvajes" y "primitivos," que han parecido "tenerla bastante más clara." Dice Ohsawa: "Si hay alguien dotado de mentalidad primitiva, ese alguien soy yo." [...] "Entonces comprendía la palabra 'primitivo' como algo enteramente básico, loable, aun honroso. No tenía la menor idea de que era un término de oprobio en Occidente." (p. 151) Hace falta agregar unas palabritas sobre el Diccionario de la Lengua Pampa de Juan Manuel de Rosas (Quadrata, 2004, Buenos Aires), adquisición bastante reciente (2007). Es un opúsculo bastante caótico e incompleto que, más que diccionario, sería una escueta compilación de términos para el frecuente trato que tuvo Rosas con los indios. Hay toda una serie de diccionarios y textos en mapuche, que Rosas habría conocido y adaptado, agregando vocablos y notando diferencias. Dice Guillermo Palombo, en su comentario preliminar: "El interés por la lengua mapuche o araucana data de muy antiguo. Del P. Luís de Valdivia..." (Granada, 1561-Valladolid, 1642) "se cita un Catecismo en lengua Allentiac" (1602). "Andrés Febrés" (1734-1790), "de quien se ha dicho por una parte que es seudónimo del padre Manuel José Álvarez y otros" compuso un vocabulario mapuche de 682 páginas, del que Rosas habría poseído un ejemplar, y otras obras afines. J.M. Larsen lo reeditó (Buenos Aires, 1882-4), con un apéndice "sobre las lenguas quichua, aymara y pampa," como Diccionario araucano español... en dos tomos. "Resta mencionar al P. Bernardo Havestadt, autor de: Chilidugú, sive res chilenses vel Descriptio Status..." (Monasterio de Westfalia, 1775-7). Otros fueron el Tte. Cnel. Federico Barbará, el Cnel. Hilario Lagos (1857, inédito) y, también de esa época, del colono danés Juan Fugl, de Tandil. Hubo varias otras obras en mapuche. Todo esto puede verse en mucho mayor detalle en el mencionado "Comentario" de Palombo. ©Alasdair Lean. Es propiedad. Todos los derechos reservados. Ver también: Traducciones de: castellano - inglés - alemán - francésContacto: juan.port@gmail.com
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